Última modificación: el 11 de Mayo del 2012

Los cazadores de demonios cuentan con una capacidad extraordinaria para diezmar grupos de enemigos con ráfagas de disparos, salvas de flechas y explosivos. Su puntería infalible también les permite enfrentarse a los demonios más duros a una distancia prudencial: son capaces de disparar a objetivos lejanos y dar un salto hacia atrás a la vez que disparan si los enemigos avanzan.

Sin embargo, la especialización en el combate a distancia por encima del combate cuerpo a cuerpo significa que los cazadores de demonios corren el peligro de verse rodeados o acorralados. Las habilidades de huida como los saltos mortales y los ataques calculados para ralentizar o incapacitar a los enemigos son igual de vitales para la supervivencia de un cazador de demonios que sus flechas.

Un delicado equilibrio entre el odio y la disciplina es la clave para la supervivencia de la mayoría de cazadores.

Cada flecha que disparan está llena de rencor; prácticamente todos sus ataques son fruto del odio, una cólera fría y justa que aniquila toda piedad que pudieran sentir por sus presas. Su odio es prácticamente infinito; se recupera rápidamente, de forma que incluso fuera del combate a los cazadores de demonios los consume la sed de venganza.

Los cazadores que quieren prosperar deben aprender a complementar su odio con un segundo recurso: la disciplina, fuente de todas las maniobras defensivas: las trampas, los saltos que permiten huir de garras y colmillos o las acrobacias con las que esquivan lluvias de púas y flechas que les permite vivir para seguir matando. Es un recurso valioso que se recupera lentamente, ya que requiere más reflexión y paciencia que sus ataques basados en el odio.