Última modificación: el 12 de Mayo del 2012

Los magos son renegados que emplean sus propios cuerpos como catalizadores de energía arcana, rechazando la senda del estudio que caracteriza a los demás usuarios de la magia. Manipulan todo tipo de fuerzas para desintegrar, quemar y congelar a sus enemigos, y pueden controlar el tiempo y la luz para teletransportarse, crear poderosas ilusiones y desviar proyectiles.

Empuñan varitas y bastones para canalizar sus hechizos menos poderosos, dañando a sus enemigos mientras reúnen la energía o ganan el tiempo necesarios para despachar a sus enemigos con estilo.

Salvo contadas excepciones, la mayoría de los ataques del mago se realizan a distancia, lejos del peligro. Como piezas de artillería vivientes, están adaptados a apoyarse en su poder destructivo de largo alcance.

A diferencia de los hechiceros más cuidadosos y precavidos, los magos son puros conductos de poder arcano. Es una energía intensa que corre por sus venas y que son capaces de controlar como si fuera una extensión de su cuerpo.

Los magos siempre cuentan con una reserva de poder arcano: se regenera con rapidez, así que siempre pueden valerse de sus aparentemente interminables hechizos menores. Solo corren el peligro de agotar sus reservas cuando intentan realizar una serie de invocaciones al mismo tiempo.

Sin embargo, el poder arcano puede tener efectos devastadores en el cuerpo de los magos si no se raciona su uso, así que deben respetar un tiempo de reutilización antes de repetir algunos hechizos especialmente potentes. Dichos hechizos (meteoritos que caen del cielo, torrentes de magia que tumban a varios enemigos o burbujas de energía que ralentizan el propio flujo temporal) son tan poderosos que la espera merece la pena.